Buenos hábitos emocionales

Buen hábito emocional...
para la incertidumbre: el hábito de Confiar


Meritxell Marondo
"Solo lo arrogancia desconfiaría de la vida"
Sergi Torres

Confiar
¿Qué es confiar?, ¿qué significa realmente?, ¿confiar en qué?, ¿en quién?
Podemos confiar en muchas cosas: en la vida, cada persona en sí misma o en las demás, en proyectos… pero solo hay un tipo de confianza y nace en un único lugar, nuestro propio interior.


Etimológicamente la palabra confiar significa tener fe total o lealtad. Siguiendo este hilo, nos preguntamos, ¿cuáles son las partes de mi en las que más confío y tengo fe?, ¿tengo fe en mis valores?, ¿en mis talentos?, ¿en mis recursos personales? Hacer una revisión de la fe en diversos aspectos personales puede ser un análisis muy valioso ya que cuando confiamos en quienes somos, en lo que somos capaces de hacer y conseguir, nuestra confianza alcanza una dimensión superior.

Es el momento de preguntarte: ¿qué necesito desarrollar y consolidar para fiarme y confiar en mí, para que, cuando aparezcan momentos críticos, la autoconfianza y la seguridad personal no se tambaleen?

Lo primero que merece la pena tener presente es que no vamos a encontrar la confianza en ningún sitio fuera de nuestra persona. Podemos tener espejismos y puede parecernos que la confianza nos la otorgan desde fuera; con una expresión de ánimos, con una felicitación… y ciertamente es agradable recibir reconocimientos, halagos y apoyo, pero si no tenemos una fuente interior de confianza, nada de eso tendrá cabida. Porque dependeremos de ello, buscaremos la confianza en lo externo, la reclamaremos y posiblemente nos haga vulnerables e inestables.

Sostener y que nos sostengan es importante, dejarnos cuidar y cuidar es importante, abrirnos a recibir de otras personas es indispensable y saber que acompañadas podemos llegar más lejos. Pero el origen siempre estará en nuestro interior. La vida y los demás son un reflejo de lo que emitimos, y si no confiamos, la vida nos devuelve desconfianza.

Si, como seres individuales, no confiamos en nosotros mismos, si no sabemos encontrar la confianza en nuestro interior, ¿qué haremos cuando las circunstancias externas nos pidan, más que nunca, una dosis extra de ella? Cuando el mundo da un vuelco, tal y como hemos y estamos vivenciando últimamente, lo que nos puede salvar es confiar. Cuando el entorno se tambalea, cuando ya no podemos confiar en lo establecido porque está mutando o se desvanece, confiar en ti, en tus capacidades, en saberte un puerto seguro siempre, es el recurso último y final. El que siempre va a estar ahí, inagotable.

Confiar en saber que dentro de ti está toda la seguridad y certeza que necesitas. Cuando la incertidumbre te abruma: para, respira, cierra los ojos, pon una mano en tu pecho y siente el cuerpo; abraza todas las sensaciones que aparezcan, pregúntate qué emociones estas sintiendo y poco a poco, conecta contigo y conecta con aquellas partes de ti que te hacen sentir seguridad, esas partes de ti en las que más confías. Justo ahí se aloja la confianza, ahí reside la confianza genuina que no depende de nada más que de ti. Tu eres la fuente de ese confiar. Desde ahí, también, sabrás como llevar a la acción ese confiar. Cuando sentimos un bloqueo, podemos confiar en que la vida, si observamos y escuchamos, nos dará siempre las señales del siguiente paso.

Cuando no confiamos, emociones como el miedo, la inseguridad o la confusión suelen tomar las riendas. Es importante desarrollar el sentido de confiar y entenderlo como algo intrínseco en ti. No sirve de nada confiar en otras personas si primero no confías en ti.

La conexión con el presente nos ayuda a confiar. La incertidumbre puede rodearnos, pero también la alimentamos cuando nuestros pensamientos se dirigen demasiado hacia el futuro. El futuro es de naturaleza incierta, desconocida, no sabemos lo que depara. Si nos centramos en el momento, en el presente, resulta más fácil ejercer la confianza. 

Una propuesta para ejercitar el musculo de confiar, es tomarte unos momentos para habitar conscientemente el momento presente. Para, nota y escucha tu cuerpo, haz algunas respiraciones profundas y lentas, y date a la vida, ríndete a ella. Todo está bien.